Real Colegiata de San Hipólito

La Real Colegiata de San Hipólito, es uno de los tantos tesoros que alberga la ciudad de Córdoba, España. Situada entre la Avenida del Gran Capitán, las calles Menéndez Pelayo, Alonso Aguilar y la plaza de San Ignacio de Loyola. 

La iglesia formó parte de un antiguo monasterio fundado en 1343 por iniciativa de Alfonso XI, en el templo se encuentran sepultados los monarcas Fernando IV el Emplazado y Alfonso XI el Justiciero, reyes de Castilla y León. Sin embargo, la iglesia recién fue concluida en 1736 gracias a Felipe V, que autorizó que se retomaran las obras para la terminación del templo en 1729. 

Durante el siglo XVIII se realizaron otras obras que afectaron la nave del templo como también la fachada y hasta el siglo XIX se levantaron una serie de dependencias que dieron al conjunto de la Colegiata su fisonomía actual. 

De planta rectangular, la colegiata está formada por la iglesia, la sacristía y el claustro, con una fachada realizada en ladrillo estucado con un frontón triangular y adornada con pilastras y pequeñas placas recortadas. 


En tanto que la portada de la iglesia es de piedra y sobre una cornisa se encuentra el segundo cuerpo de la portada, en el que puede verse una hornacina, flanqueada por estípites con la imagen de San Hipólito. 

Ya en el claustro de la antigua colegiata se encuentra el mausoleo totalmente realizado en mármol rojo y negro, una obra del cronista Ambrosio de Morales y con un labrado de Luis González realizado en 1620. 

Durante el año 1773 comenzaron las obras de la nueva torre de la iglesia, que originalmente era una obra con cuatro cuerpos, de los que solamente llegaron a levantarse dos. La torre de la iglesia de San Hipólito guarda cierta similitud con la torre de la iglesia de San Miguel Arcángel, de Villanueva de Córdoba, sobre todo porque ambas fueron construidas en la misma época. 

Los sepulcros de Fernando IV y Alfonso XI se encuentran en el primer tramo del presbiterio alojados en dos arcosolios uno ubicado en el lado del Evangelio, y el otro en el lado de la Epístola. 

Los restos mortales de ambos monarcas fueron depositados en dos urnas de mármol rojo procedentes del desaparecido monasterio de San Jerónimo de la ciudad de Córdoba.

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